Cuando aumenta el volumen de pedidos, también crecen los movimientos de mercancía, las necesidades de personal y el riesgo de cometer errores. Procesos que funcionan correctamente con unos pocos pedidos diarios pueden convertirse rápidamente en un cuello de botella cuando el almacén empieza a manejar cientos o miles de operaciones.

La automatización de almacenes permite afrontar ese crecimiento mediante software, sistemas de transporte, equipos automáticos y robótica capaces de ejecutar o asistir tareas que tradicionalmente se realizaban de forma manual. Sin embargo, automatizar un almacén no significa necesariamente llenarlo de robots ni eliminar la intervención humana. El objetivo es utilizar la tecnología allí donde permita aumentar la productividad, mejorar la precisión y mantener el control de la operativa a medida que crece.

En este artículo explicamos qué es la automatización de almacenes, cómo funciona, qué niveles y tecnologías existen, qué ventajas aporta y qué aspectos deben analizarse antes de invertir en ella.

¿Qué es la automatización de almacenes?

La automatización de almacenes es la aplicación de software, maquinaria y sistemas automáticos para ejecutar, controlar u optimizar los procesos que tienen lugar dentro de una instalación logística. Puede intervenir desde la recepción de mercancías hasta su almacenamiento, reposición, preparación de pedidos, clasificación, embalaje y expedición.

El grado de automatización puede ser muy diferente de una empresa a otra. En un almacén puede limitarse a utilizar un sistema de gestión de almacenes WMS que asigne ubicaciones y tareas a los operarios, mientras que en otro pueden utilizarse transportadores, transelevadores, robots móviles y sistemas de picking automatizado coordinados prácticamente sin intervención manual.

Por eso es importante diferenciar automatización de robotización. La robótica es una de las tecnologías que pueden utilizarse para automatizar procesos, pero no es la única. Un almacén también puede automatizar decisiones, flujos de información, identificación de mercancías o clasificación de pedidos sin utilizar robots.

Automatización física y automatización digital

La automatización física actúa directamente sobre el movimiento o manipulación de la mercancía. Incluye equipos como transportadores, transelevadores, sistemas shuttle, clasificadores automáticos, AGV, robots móviles autónomos o brazos robotizados. Su finalidad es reducir desplazamientos manuales y ejecutar determinadas operaciones de forma repetible y controlada.

La automatización digital, en cambio, actúa sobre la información y la toma de decisiones. Un WMS puede decidir dónde ubicar cada referencia, qué pedido preparar primero, qué ruta debe seguir un operario o qué stock necesita reposición. Ambos niveles suelen complementarse: cuanto mayor es la automatización física del almacén, mayor es también la necesidad de disponer de software capaz de coordinarla.

¿Cómo funciona un almacén automatizado?

Un almacén automatizado funciona coordinando tres elementos: información, software y equipos físicos. El sistema debe conocer qué mercancía entra, dónde se encuentra, qué pedidos hay pendientes y qué recursos están disponibles para decidir qué movimiento debe realizarse en cada momento.

El flujo comienza normalmente con la recepción. La mercancía se identifica mediante códigos de barras, RFID u otros sistemas y queda registrada en el software de gestión. A partir de ahí se asigna una ubicación siguiendo criterios como rotación, volumen, peso, compatibilidad entre productos o disponibilidad de espacio.

Cuando se genera un pedido, el sistema determina qué referencias deben extraerse y organiza las tareas necesarias para prepararlo. Dependiendo del diseño del almacén, puede enviar instrucciones a un operario, activar un transelevador, solicitar a un robot móvil que transporte una estantería o dirigir una caja hasta una estación de picking.

Una vez preparado el pedido, otros sistemas pueden encargarse del transporte hasta packing, la clasificación por transportista o ruta y la conducción de los paquetes hacia la zona de expedición. Todo el proceso genera datos que permiten conocer en tiempo real qué se ha movido, quién o qué sistema lo ha hecho y en qué estado se encuentra cada pedido.

Esta coordinación forma parte de la intralogística: cuanto mejor conectados estén los movimientos físicos y la información, menor será la dependencia de decisiones manuales y más sencillo será mantener un flujo constante dentro de la instalación.

Niveles de automatización de un almacén

No existe únicamente el almacén manual y el almacén completamente automático. Entre ambos extremos hay distintos niveles, y en la práctica muchas instalaciones funcionan con modelos híbridos en los que personas y sistemas automáticos se reparten las tareas.

Almacén manual digitalizado

En el primer nivel, los movimientos siguen realizándose principalmente por personas, pero el software controla la operativa. Los operarios pueden trabajar con terminales de radiofrecuencia, lectores de códigos de barras o dispositivos móviles que indican qué tarea realizar y registran cada movimiento.

Es una primera forma de automatización especialmente importante porque sustituye decisiones basadas en memoria, papel u hojas de cálculo por procesos guiados y trazables. En operaciones que todavía no justifican una inversión elevada en maquinaria, mejorar el flujo de información puede proporcionar una parte importante de los beneficios de la automatización.

Almacén semiautomatizado

En un almacén semiautomatizado conviven operaciones manuales con equipos que automatizan procesos concretos. Puede utilizarse un transportador para mover cajas entre zonas, un sorter para clasificarlas, sistemas pick-to-light para guiar el picking o un shuttle para desplazar palets dentro de una estantería compacta.

Este enfoque permite actuar primero sobre los principales cuellos de botella sin transformar toda la instalación. También facilita una implantación progresiva y reduce el riesgo de invertir en tecnología para procesos que todavía cambian con frecuencia.

Almacén altamente automatizado

En niveles más avanzados, la mayor parte de los movimientos internos se realizan mediante sistemas automáticos. Transelevadores, robots, transportadores y estaciones de preparación trabajan coordinados por diferentes capas de software, mientras que los operarios se concentran en supervisión, incidencias, control de calidad o tareas que siguen requiriendo flexibilidad manual.

Estos proyectos suelen tener sentido cuando existe un volumen elevado y relativamente predecible de movimientos. Cuanto más estable sea el tipo de carga, la estructura del catálogo y el flujo operativo, más sencillo resulta diseñar una automatización con un elevado nivel de utilización.

Principales tecnologías para automatizar un almacén

La automatización no depende de una única tecnología. El diseño adecuado suele combinar varias soluciones en función del tipo de mercancía, el volumen de pedidos, la rotación de las referencias, el espacio disponible y los procesos que generan más coste.

WMS o sistema de gestión de almacenes

El WMS o SGA es la capa de software que organiza buena parte de la operativa. Controla ubicaciones, inventario, órdenes de trabajo y movimientos de mercancía y puede asignar tareas según reglas previamente configuradas.

En una instalación automatizada, su papel es especialmente importante porque debe intercambiar información con los distintos sistemas. El WMS sabe qué necesita la operación; otros sistemas de ejecución y control convierten esa necesidad en movimientos concretos de las máquinas.

WES y WCS

A medida que aumenta la complejidad aparecen otras capas de software. Un WES, o Warehouse Execution System, ayuda a coordinar y secuenciar el trabajo entre personas y equipos automáticos. Su función es mantener equilibrado el flujo y evitar que una zona produzca más rápido de lo que la siguiente puede procesar.

El WCS, o Warehouse Control System, trabaja en un nivel más próximo a la maquinaria. Envía instrucciones a transportadores, clasificadores, transelevadores u otros subsistemas y controla su ejecución. No todos los almacenes necesitan las tres capas de software por separado, ya que algunas soluciones integran varias funciones en una misma plataforma.

Sistemas AS/RS y transelevadores

Los sistemas automáticos de almacenamiento y recuperación, conocidos como AS/RS, automatizan la entrada y extracción de unidades de carga. Uno de los ejemplos más extendidos es el transelevador, que se desplaza horizontal y verticalmente por un pasillo para almacenar o recuperar palets, cajas o bandejas.

Su principal ventaja es que permiten trabajar con pasillos muy estrechos y aprovechar una mayor altura de almacenamiento. Resultan especialmente interesantes cuando se necesita combinar alta densidad, elevado número de movimientos y una operativa relativamente estable.

Sistemas shuttle

Los sistemas shuttle utilizan lanzaderas que se desplazan por los canales o niveles de almacenamiento transportando las unidades de carga. Dependiendo del sistema, pueden trabajar en combinación con elevadores, transportadores u otros equipos para automatizar la entrada y salida de mercancía.

Son habituales en aplicaciones que necesitan alta densidad y un flujo elevado de cajas o palets. Su configuración debe adaptarse al número de referencias y a la rotación porque ambos factores influyen directamente en la capacidad y el rendimiento requerido.

AGV y robots móviles autónomos AMR

Los vehículos guiados automáticamente o AGV siguen rutas o recorridos definidos para transportar mercancía entre diferentes puntos del almacén. Los AMR o robots móviles autónomos incorporan mayor capacidad de navegación y pueden modificar sus trayectorias para desplazarse por entornos más dinámicos.

Ambas tecnologías permiten reducir desplazamientos realizados con carretillas o a pie. Los AMR son especialmente interesantes cuando se busca flexibilidad, ya que una flota puede ampliarse progresivamente y adaptarse mejor a cambios en la distribución del almacén que un sistema de transporte completamente fijo.

Transportadores y sistemas de clasificación

Las cintas y transportadores permiten crear flujos continuos entre recepción, almacenamiento, picking, packing y expedición. Cuando el volumen de mercancía que circula entre dos zonas es elevado y el recorrido es estable, pueden eliminar una gran cantidad de desplazamientos manuales.

En las etapas de clasificación pueden combinarse con un sorter logístico, que identifica cada unidad y la desvía automáticamente hacia una salida determinada según pedido, ruta, transportista, tienda o cualquier otro criterio configurado.

Sistemas de picking asistido y picking robotizado

La preparación de pedidos es uno de los procesos donde existe mayor variedad de tecnologías. Soluciones como voice picking, pick-to-light o put-to-light no sustituyen necesariamente al operario, pero reducen consultas, desplazamientos y decisiones durante la preparación.

En otros diseños se utiliza el principio goods-to-person: en lugar de que el preparador recorra el almacén buscando referencias, un sistema automático lleva las cajas o productos hasta una estación fija. También existen brazos robotizados capaces de realizar determinadas tareas de picking cuando las características del producto y del proceso lo permiten.

La elección depende de la composición del pedido y del catálogo. Antes de invertir conviene analizar cómo se realiza actualmente el picking y packing, porque automatizar una estrategia mal diseñada no elimina necesariamente sus ineficiencias.

Ventajas de la automatización de almacenes

El impacto de un proyecto de automatización depende de su diseño y del nivel de utilización de los equipos. Cuando la tecnología responde a una necesidad operativa real, puede mejorar simultáneamente la productividad, la precisión y la capacidad de crecimiento del almacén.

Mayor productividad

La automatización reduce desplazamientos y tiempos improductivos. Una máquina puede ejecutar de forma repetitiva el transporte entre dos puntos, mientras que un sistema de software puede asignar tareas sin que un responsable tenga que hacerlo manualmente.

Esto permite procesar un mayor número de movimientos o pedidos con los mismos recursos y mantener ritmos de trabajo más constantes durante los picos de actividad.

Reducción de errores

Cuantas más decisiones y registros se realizan manualmente, mayor es la posibilidad de introducir una referencia incorrecta, utilizar una ubicación equivocada o preparar una cantidad diferente a la solicitada.

Los sistemas de identificación, validación y control automático reducen esos puntos de error y facilitan que cada movimiento quede registrado. Esta trazabilidad también hace más sencillo investigar una incidencia cuando se produce.

Mejor aprovechamiento del espacio

Algunos sistemas automáticos pueden trabajar con pasillos más estrechos y utilizar alturas que resultarían más difíciles de aprovechar mediante equipos convencionales. Esto permite aumentar la densidad de almacenamiento sin ampliar necesariamente la superficie de la instalación.

No obstante, la solución con mayor densidad no siempre es la más eficiente. El diseño debe equilibrar capacidad y accesibilidad para evitar que el almacenamiento limite posteriormente la velocidad de preparación de pedidos.

Más seguridad en determinadas tareas

La automatización puede retirar a las personas de trabajos repetitivos, desplazamientos continuos, manipulación de cargas o zonas con condiciones especialmente exigentes. Esto permite diseñar una operativa en la que las personas se concentren en actividades donde su intervención aporta más valor.

La incorporación de maquinaria, sin embargo, también introduce nuevos riesgos. Por ello deben definirse zonas de seguridad, procedimientos de mantenimiento y protocolos claros de actuación ante bloqueos o incidencias.

Mayor capacidad para escalar

Cuando el crecimiento depende únicamente de incorporar más personas, duplicar el volumen de pedidos puede implicar aumentar considerablemente el equipo, el espacio y la complejidad de coordinación. Una automatización correctamente dimensionada permite absorber parte de ese crecimiento sin aumentar los recursos al mismo ritmo.

Esta ventaja es especialmente relevante en un almacén ecommerce, donde los picos promocionales y la fragmentación de los pedidos pueden generar grandes variaciones de carga de trabajo en periodos muy cortos.

Desventajas y riesgos de automatizar un almacén

La automatización también tiene costes y limitaciones. Una solución puede ser técnicamente avanzada y, aun así, resultar poco rentable si se instala en un proceso con un volumen insuficiente o con demasiada variabilidad.

Inversión inicial y periodo de amortización

Los proyectos que requieren infraestructura, maquinaria, software e integración pueden implicar una inversión elevada. La decisión no debería basarse únicamente en cuánto cuesta instalar el sistema, sino en el coste total durante su vida útil y en los ahorros o mejoras de capacidad que generará.

Para calcular su viabilidad hay que comparar la situación actual con diferentes escenarios de crecimiento, incluyendo costes de personal, superficie, mantenimiento, consumibles, energía, licencias y soporte técnico.

Menor flexibilidad en sistemas muy rígidos

Una instalación diseñada para un tipo concreto de caja, palet o flujo puede perder rendimiento si cambian significativamente las características del negocio. Modificaciones en el catálogo, formatos de embalaje o estructura de los pedidos pueden obligar a adaptar equipos que inicialmente se diseñaron para otras condiciones.

Por eso la escalabilidad no consiste únicamente en poder procesar más unidades. También hay que analizar cómo responderá el sistema si cambia la forma de operar.

Dependencia tecnológica

Cuanto mayor es el nivel de automatización, mayor puede ser el impacto de una avería o una interrupción del software. Un fallo en una instalación manual afecta normalmente a una parte de la capacidad; un problema en un equipo que concentra todo el flujo puede detener procesos completos.

El diseño debe contemplar mantenimiento preventivo, disponibilidad de repuestos, soporte, redundancia cuando sea necesaria y procedimientos alternativos para gestionar incidencias críticas.

¿Qué procesos de un almacén se pueden automatizar?

Prácticamente todas las fases pueden incorporar algún grado de automatización, aunque no necesariamente merece la pena hacerlo en todas ellas. La prioridad debe situarse en los procesos donde existen tareas repetitivas, elevados volúmenes o cuellos de botella claramente identificados.

Recepción y entrada de mercancía

La identificación mediante códigos de barras o RFID permite registrar automáticamente las unidades recibidas y compararlas con la información esperada. En instalaciones de mayor volumen, transportadores y otros equipos pueden trasladar posteriormente la mercancía hacia almacenamiento o clasificación.

Ubicación y almacenamiento

El software puede elegir automáticamente la ubicación adecuada mientras sistemas AS/RS, transelevadores o robots ejecutan el movimiento físico. Automatizar ambos niveles permite coordinar mejor la ocupación del almacén con la rotación de cada referencia.

Reposición

Un WMS puede detectar cuándo una ubicación de picking está próxima a quedarse sin stock y generar automáticamente una tarea de reposición. En entornos automatizados, esa orden puede enviarse directamente al equipo encargado de trasladar la mercancía desde reserva.

Preparación de pedidos

El picking puede automatizarse parcialmente mediante sistemas de asistencia al operario o mediante soluciones goods-to-person, robots móviles y brazos robotizados. El nivel adecuado depende de la variedad de referencias, unidades por pedido y características físicas del producto.

Clasificación, packing y expedición

Una vez preparado el pedido, transportadores y sorters pueden dirigirlo hasta una estación de packing o una salida determinada. La impresión automática de documentación y etiquetas de transporte permite conectar la operativa del almacén con los sistemas utilizados para la expedición.

Cómo saber si compensa automatizar un almacén

No existe un volumen concreto a partir del cual todos los almacenes deban automatizarse. Dos instalaciones con el mismo número de pedidos pueden necesitar soluciones muy diferentes si una trabaja con diez referencias y otra con veinte mil.

Antes de decidir conviene estudiar la operación mediante datos. Algunas señales habituales son un aumento continuado del volumen, errores recurrentes de preparación, dificultad para contratar o dimensionar personal en picos, desplazamientos excesivos, falta de capacidad física o procesos que requieren un número elevado de tareas repetitivas.

También debe analizarse la estabilidad del negocio. Automatizar un flujo que todavía cambia cada pocos meses puede obligar a rediseñar el sistema antes de amortizarlo. En operaciones en crecimiento puede ser más conveniente empezar por tecnologías flexibles o por automatización digital antes de invertir en infraestructura fija.

Qué analizar antes de tomar la decisión

El estudio debería partir de datos reales del almacén: líneas de pedido por día, unidades por pedido, referencias activas, rotación, dimensiones y pesos de los productos, picos de demanda, movimientos de reposición, distancias recorridas y tiempo empleado en cada proceso.

Con esa información puede determinarse dónde se genera realmente el coste. Si el principal problema está en el picking, automatizar almacenamiento puede no proporcionar el retorno esperado. Si el cuello de botella se produce en clasificación, quizá sea más rentable actuar sobre la zona de expedición que transformar todo el almacén.

Cómo implementar un proyecto de automatización de almacenes

Un proyecto de automatización debería comenzar por el proceso y no por la tecnología. Elegir primero un robot o un sistema y buscar después dónde utilizarlo suele producir diseños más caros y menos eficientes.

1. Analizar la operativa actual

El primer paso es conocer cómo funciona realmente el almacén. Hay que medir volúmenes, recorridos, tiempos, capacidad, errores, estacionalidad y utilización de recursos. También deben identificarse excepciones y tareas que no siguen el flujo estándar.

2. Identificar los cuellos de botella

No todos los procesos ofrecen el mismo potencial de mejora. Conviene localizar dónde se acumulan pedidos, qué tareas consumen más horas y qué operaciones están limitando actualmente la capacidad del almacén.

3. Definir objetivos medibles

Automatizar no debería ser el objetivo en sí mismo. El proyecto debe partir de resultados concretos: aumentar líneas preparadas por hora, reducir errores, aprovechar más altura, disminuir recorridos o ampliar la capacidad máxima antes de necesitar otra instalación.

4. Diseñar el nivel de automatización adecuado

A partir de esos objetivos se comparan tecnologías y escenarios. En algunos casos bastará con mejorar el WMS y los sistemas de identificación; en otros será necesario automatizar transporte, almacenamiento o picking.

También debe valorarse si la solución puede implantarse por fases. Un diseño modular permite empezar por un proceso y ampliar posteriormente la capacidad sin tener que sustituir la inversión inicial.

5. Integrar software y maquinaria

La integración es uno de los aspectos más importantes de cualquier proyecto. ERP, WMS, WES, WCS y equipos físicos deben intercambiar información correctamente para evitar que distintas partes de la instalación trabajen con datos o prioridades diferentes.

Antes de la puesta en marcha es necesario probar tanto los flujos normales como las excepciones: falta de stock, unidades no identificadas, equipos detenidos, pedidos prioritarios o mercancía rechazada.

6. Formar al equipo y medir resultados

Una nueva tecnología modifica procesos, funciones y responsabilidades. Los operarios deben entender no solo cómo utilizar el sistema, sino también qué hacer cuando aparece una incidencia y cuándo deben intervenir manualmente.

Después de la implantación deben compararse los indicadores reales con los objetivos definidos inicialmente. Sin esta medición es difícil saber si la automatización está generando el retorno esperado o si el sistema necesita ajustes.

KPIs para medir la automatización de un almacén

La productividad por sí sola no permite evaluar todo el proyecto. Un sistema puede aumentar la velocidad y, al mismo tiempo, generar problemas de disponibilidad o trasladar el cuello de botella hacia otra zona.

Los indicadores deben adaptarse al proceso automatizado, pero normalmente interesa controlar productividad por hora, tiempo de ciclo, coste por pedido o línea preparada, tasa de error, exactitud de inventario, utilización de los equipos, disponibilidad técnica y número de incidencias.

También conviene medir la capacidad durante los picos. Una automatización puede funcionar correctamente con el volumen medio diario y saturarse precisamente en los periodos para los que fue diseñada. Analizar capacidad máxima y utilización por franjas horarias permite detectar esos límites antes de que afecten al servicio.

Indicador Qué permite evaluar
Productividad Pedidos, líneas, unidades o movimientos procesados por hora.
Tiempo de ciclo Tiempo necesario para completar un proceso desde que se genera una tarea hasta que finaliza.
Tasa de error Precisión de la preparación, clasificación y movimientos de inventario.
Utilización Qué porcentaje de la capacidad disponible del sistema se está utilizando.
Disponibilidad Cuánto tiempo permanece operativo el equipo frente al tiempo planificado.
Coste por operación Impacto económico de la automatización sobre cada pedido, línea o unidad procesada.

Errores frecuentes al automatizar un almacén

Uno de los errores más habituales es intentar automatizar un proceso que todavía no está bien definido. La tecnología puede ejecutar un flujo con mayor velocidad, pero no corrige por sí sola una mala organización de ubicaciones, un catálogo mal clasificado o una planificación deficiente.

Otro problema es dimensionar el sistema únicamente a partir del volumen medio. Los equipos deben ser capaces de responder a los picos previstos sin quedar permanentemente sobredimensionados durante el resto del año. Para ello es necesario trabajar con datos históricos y diferentes escenarios de crecimiento.

También es frecuente analizar cada tecnología de forma aislada. Un nuevo sistema de picking puede aumentar mucho la producción de una zona y provocar que packing se convierta inmediatamente en el siguiente cuello de botella. El almacén debe estudiarse como un flujo completo y no como una suma de equipos independientes.

Por último, conviene evitar la automatización por tendencia. La solución más sofisticada no es necesariamente la más rentable. En algunas operaciones puede aportar más valor reorganizar el layout, mejorar el WMS o cambiar el método de picking antes de incorporar sistemas físicos de mayor inversión.

Preguntas frecuentes sobre automatización de almacenes

¿Qué significa automatizar un almacén?

Automatizar un almacén significa utilizar software, maquinaria o robótica para ejecutar o controlar tareas que anteriormente dependían total o parcialmente de trabajo manual. Puede aplicarse a la gestión de información, almacenamiento, transporte interno, picking, clasificación, packing o expedición.

¿Es necesario automatizar todo el almacén?

No. En la mayoría de proyectos puede automatizarse únicamente una parte de la operativa. De hecho, actuar primero sobre los principales cuellos de botella suele reducir la inversión y facilita comprobar los resultados antes de ampliar el proyecto.

¿Qué diferencia hay entre automatización y robotización?

La robotización utiliza robots para realizar tareas físicas. La automatización es un concepto más amplio que incluye robótica, pero también software, transportadores, sistemas de identificación, clasificación automática y tecnologías de asistencia al operario.

¿Qué papel tiene un WMS en un almacén automatizado?

El WMS organiza el inventario, las ubicaciones y las tareas del almacén. En instalaciones automatizadas intercambia información con otros sistemas para coordinar las necesidades de la operación con los equipos físicos que ejecutan los movimientos.

¿Qué es mejor, un AGV o un AMR?

Depende del entorno y del proceso. Un AGV resulta adecuado para recorridos relativamente estables y repetitivos, mientras que un AMR ofrece mayor flexibilidad de navegación en instalaciones donde las rutas o condiciones pueden cambiar. La elección debe considerar capacidad, seguridad, tráfico interno, integración y coste total.

¿Cuándo merece la pena automatizar un almacén?

Suele tener más sentido cuando existen volúmenes elevados o crecientes, procesos repetitivos, errores frecuentes, problemas de capacidad, largos desplazamientos o dificultades para absorber picos de demanda. La decisión debe tomarse a partir de datos de la operación y de un análisis del retorno esperado, no únicamente del tamaño de la empresa.

¿La automatización sustituye completamente a los operarios?

No necesariamente. Muchos sistemas están diseñados para colaborar con las personas y eliminar desplazamientos o tareas repetitivas. Incluso en instalaciones altamente automatizadas siguen siendo necesarias funciones relacionadas con supervisión, mantenimiento, resolución de excepciones, control de calidad y planificación.

¿Cuál es el primer proceso que debería automatizarse?

No existe un proceso universal. El punto de partida debe ser aquel que genere el mayor cuello de botella o coste y que tenga suficiente volumen y estabilidad para justificar la inversión. En unas operaciones será el picking, en otras el transporte interno, la clasificación, el almacenamiento o simplemente la gestión digital mediante un WMS.